La joven pintura de los años ochenta —que sucede a dos décadas signadas por la famosa “muerte de la pintura” y las tendencias del minimalismo y conceptualismo— ha asumido una actitud nueva: la creación más subjetiva, libre, dionisiaca, para decirlo en otros términos. Estas formas de expresión, enamoradas de la libertad, denotan la incomodidad del artista frente a un mundo de tecnología y racionalidad. Por lo mismo, es posible hablar hoy de una estética fundada sobre la base de un retorno al “yo”, al mundo interior.
La situación puede confirmarse frente a las obras de Roberto Elia, Santiago García Sáenz y Cintia Levis expuestas en la galería Ruth Benzacar (Florida 1000). Cada uno de ellos presenta una aproximación individual a ese fenómeno englobante, haciendo uso de esa libertad de formulación que caracteriza al arte joven.
Alejados de recientes “modas” cuyas cabezas de serie parecen haber agotado un modelo lingüístico luego citado por los seguidores, los artistas de esta muestra —los pintores— no rechazan sus enseñanzas. Cintia Levis, reiterando el tema de una pareja de bailarines —en apariencia citando alguna imagen clásica— obtiene una pintura de factura libre, espontánea y virtuosa. Trabaja, de esta manera, sobre la base de un juego de referentes traicionados por la eventual mutación de los toques espontáneos que en cada versión parecen tender más a la “de-contrucción” del modelo. García Sáenz elabora complejas escenas en las que abundan los personajes y animales involucrados en complejas escenas que oscilan desde lo cotidiano y trivial hasta lo demoniaco. Con una materia particular, sin espesor, pero con una imagen dominada por el gesto libre, el toque expresivo, el cuadro parece ser, en realidad, el significado de una vitalidad, la resultante de una pulsión erótica, el dinamismo de una emoción apenas contenida. Roberto Elia, por su parte, es un creador de objetos que evocan ritos o prácticas mágicas. Pero estas obras, aunque propongan siempre una lectura plástica, sensibles, arrastran con sus desvíos retóricos al espectador y le llevan a participar de su oculta poesía.