Santiago García Sáenz (Buenos Aires, 1955) es autor del retablo que corona el altar de la iglesia Santa Cecilia de Castelar y del friso de catorce metros de largo sobre el tema del Vía Crucis, ubicado en ese recinto. Expuso en el Centro Cultural Recoleta (1987), en las galerías Ruth Benzacar (1982 y 1984) y Centoira (1989).
Entrevista de Elena Oliveras
—¿Cuál ha sido tu formación artística?
—Estudié arquitectura hasta el cuarto año. Si bien no asistí regularmente a talleres, visité los de Moraña, Noé y Badii para mostrar mi obra y discutir sobre su evolución. Una vez por mes iba a la casa de Badii y esos encuentros me reconfortaban mucho.
—¿Dónde ubicás tu obra dentro de las tendencias del arte cultural?
—En 1986 inicio una serie de pinturas sobre el tema “Te estoy buscando América”. Concentrarme en América hizo que, de alguna manera, volviera para atrás en relación a las vanguardias. Me interesaba recuperar sentimientos de la infancia, una suerte de paraíso perdido.
—¿Podríamos decir que tu obra es autobiográfica?
—Sí. Yo me incluyo en ella y cada vez la conecto más directamente con mi mundo interior. Hay referencias a lugares que quiero, donde he vivido o me gustaría vivir. También me interesa presentar imágenes que desearía se den en un futuro. Creo que muchas veces los sueños se realizan...
—¿Proyectás seguir trabajando sobre el tema de América?
—Hasta 1992, cuando se cumplan 500 años del encuentro de dos culturas.
—En términos más generales, que exceden lo autobiográfico, ¿qué significa “América” en tu obra?
—Significa el encuentro fructífero de dos mundos, vivificados por la fe. Es mezcla de sangres distintas y es también la tierra de la esperanza. El alma de América es el amor cristiano y la libertad solo puede cumplirse a través del amor.
—Gran parte de tus pinturas tienen como fondo el paisaje de nuestra pampa. ¿Considerás que su inmensidad es significativa en sí?
—Sí. Pampa quiere decir “espacio sin límites” en quechua. Si esto es transpuesto a un plano espiritual, veríamos en ella un símbolo de apertura, un lugar donde todo puede ser trasladado.
—El espacio de tus pinturas es —además de abierto— barroco, pleno de motivos de imaginería popular cercana a los pintores “primitivos” de nuestra América colonial.
—América es barroca desde el momento en que varias corrientes europeas llegan aquí. El barroquismo me interesa porque permite hacer entrar al espectador en un clima particular. Tanto me interesa que a veces llego al kitsch y al rococó.
—Entre los motivos constantes de tu obra figura el caballo. ¿Por qué?
—Es algo referido a mi infancia. También es un símbolo de nobleza. De él surge “caballero” (el más noble). Es asimismo un símbolo de conquista y del poder del indio que al dominarlo, con el malón, se pone a la par del conquistador en la lucha. Fruto de la paz posterior es el gaucho que llega a identificarse con él.
—¿Cuáles son tus proyectos futuros?
—Exponer, en agosto, en el Centro de Artes Visuales del Museo del Barro de Asunción del Paraguay, institución dedicada al arte popular y dirigida por el pintor Carlos Colombino.