Santiago García Sáenz, acrílicos y pastel. Ruth Benzacar, Florida 1000. De lunes a viernes de 11 a 21; sábados de 10 a 14.30. Hasta el 12 de enero.
Una imaginería abigarrada y barroca, con tendencia al horror vacui, genera la obra de Santiago García Sáenz, pintor joven que cuenta ya con varias muestras colectivas e individuales. Ataca el soporte con valentía y en su facundia se entremezclan sagas personales con alusiones, muy libres, a circunstancias históricas. En realidad toda la temática es sometida a un proceso amplificador que distorsiona o redimensiona míticamente el asunto tratado. La vena expresionista no desdeña mixturar recursos populares con un cierto demonismo que condimenta extrañamente la imagen.
Este material tan heterogéneo es servido por una técnica que se reinventa a sí misma, socorriéndose con una pincelada gestual, que dibuja y configura abandonando la imprecisión de la mancha. Es el recurso que conviene a la narrativa implícita pero es también factor de riesgo al abarrotar la superficie, al obturar posibilidades de zona de descanso —no inertes sino contrastantes— que dejen respirar una totalidad en exceso saturada. García Sáenz es un pintor dotado, aún sujeto a los apremios de una expresividad que lo supera; la misma que abonará sus logros cuando la madurez le permita servirse discrecionalmente de ella.